Por: Redacción Informativo MX
Ciudad de México — La tensión laboral en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha alcanzado su punto más crítico. Tras dos jornadas consecutivas de intensas movilizaciones en la capital del país, miles de trabajadores de la salud —médicos, enfermeras, administrativos y personal jubilado— han manifestado su absoluto rechazo al nuevo pliego petitorio para el periodo 2026-2027, acusando a su propia dirigencia sindical de «traición» y «terrorismo laboral».
La gota que derramó el vaso fue la preaprobación de un incremento global del 6.8%. Aunque la cifra se publicita como un logro, la realidad detrás de las matemáticas presupuestales encendió la furia de las bases: solo el 2.9% va directo al salario base (tabular), mientras que el 3.9% restante se pulveriza en el rubro de prestaciones. Para los trabajadores de primera línea, este porcentaje resulta un insulto frente a la inflación acumulada y la creciente carga de trabajo, por lo que exigen una dignificación real con un 10% directo al salario base.
Trabajar «con las uñas» en un sistema saturado
Las marchas, que colapsaron arterias clave como el Centro Médico Nacional Siglo XXI, Paseo de la Reforma e Insurgentes Sur, no solo llevaron consignas económicas. Bajo el grito de «No te vayas a enfermar, porque no hay material», el personal denunció el desabasto crónico de insumos médicos básicos, equipos quirúrgicos y medicamentos que impera en las clínicas del país.
A pesar de que el presupuesto del IMSS para este año registró un incremento real del 11.7%, la realidad institucional vive una asfixia presupuestal silenciosa. El padrón de asegurados escaló a 23 millones de personas y el gasto en pensionados se disparó a 6.3 millones de beneficiarios, dejando al personal operativo al frente de clínicas saturadas y sin las herramientas mínimas para ejercer su labor. Esta precariedad obliga a que más de la mitad de los derechohabientes terminen pagando atención médica privada de su propio bolsillo.
Ruptura sindical y la batalla por las urnas
La movilización también exhibió una fractura histórica con el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS). Los manifestantes exigieron la destitución inmediata de su líder, Rafael Olivos Hernández, señalando que los delegados sindicales han desplegado amenazas laborales y coacción —particularmente contra el personal eventual— para obligarlos a votar a favor del convenio.
El destino del conflicto se juega en la democracia interna. Tras la jornada de votación nacional efectuada este 14 de octubre, donde los más de 400 mil afiliados acudieron a las urnas para avalar o rechazar el pacto, el veredicto es decisivo: de ganar el «No», el sindicato estará obligado legalmente a romper el acuerdo y sentarse de nuevo a negociar con las autoridades del IMSS.
De no alcanzarse un acuerdo justo y un freno al desabasto institucional, los representantes del Frente por la Justicia Laboral ya advirtieron que estas movilizaciones masivas se repetirán cada 15 días. La salud pública de México se encuentra, hoy más que nunca, en terapia intensiva.
