| La hipoacusia no solo dificulta la comunicación; también puede aumentar el esfuerzo necesario para comprender los sonidos, favorecer el aislamiento social y asociarse con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. |
| Ciudad de México, octubre de 2026. – Hay cambios en la vida cotidiana que suelen atribuirse al paso de los años, pero que también son una señal de dificultades para escuchar. Pedir constantemente que repitan lo que se dijo, aumentar el volumen de la televisión, perder parte de una conversación cuando hay ruido o comenzar a dejar de lado reuniones que antes disfrutaba son situaciones que conviene observar con atención. Más que asumir que forman parte natural del envejecimiento, reconocer estas señales permite comprender qué está viviendo la persona y, si es necesario, buscar una valoración auditiva. Detectar una posible pérdida de audición también ayuda a preservar la comunicación, la convivencia y los vínculos con quienes forman parte de su vida cotidiana. MED-EL, líder en soluciones auditivas, destaca que los cambios en la audición suelen reflejarse primero en situaciones cotidianas. Seguir una conversación con varias personas, entender lo que se dice en un lugar con ruido o mantener una llamada telefónica son actividades que requieren mayor atención cuando la capacidad auditiva comienza a disminuir. Para el adulto mayor, esta situación genera frustración y, con el tiempo, favorece la preferencia por ambientes tranquilos. Para la familia, identificar estos cambios representa una oportunidad para acercarse, conocer sus necesidades y acompañarlo en la búsqueda de una alternativa. “Escuchar significa mucho más que percibir sonidos: permite mantener conversaciones, disfrutar la compañía de la familia y seguir participando en aquello que nos importa. Ante cualquier cambio en la manera de escuchar o comunicarse, es importante buscar una valoración auditiva. Hoy existen distintas alternativas, desde auxiliares auditivos hasta soluciones implantables de origen austriaco, que se adaptan a las necesidades de cada persona. Lo importante es encontrar la opción que favorezca su confianza, autonomía y conexión con las personas y momentos significativos de su vida”, explica la Dra. María Fernanda Alderete, Médico Audiólogo y de Soporte Clínico en MED-EL. Detectar los cambios también es una forma de acompañar Algunas señales parecen pequeñas: pedir que repitan una frase, confundir determinadas palabras, subir constantemente el volumen de la música o tener dificultad para seguir lo que se dice cuando varias personas hablan al mismo tiempo. También conviene observar cambios menos evidentes, como cansancio después de hablar con otras personas, respuestas distintas a lo que se preguntó o preferencia por reuniones pequeñas y lugares con poco ruido. Estos cambios no significan necesariamente que exista algún grado de hipoacusia, pero sí justifican una valoración especializada. Conocer el tipo y grado de la alteración permite determinar las alternativas más adecuadas para cada persona. Una de las alteraciones auditivas más frecuentes asociadas con el envejecimiento es la presbiacusia, caracterizada por una disminución progresiva de la capacidad para escuchar. También existen pérdidas conductivas, relacionadas con la transmisión del sonido hacia el oído interno, y pérdidas neurosensoriales, que involucran las estructuras encargadas de recibir y procesar los sonidos. En algunos casos se presenta una combinación de ambas. Por ello, cada persona vive la hipoacusia de manera distinta y requiere una valoración individual. Según las características de cada caso, las opciones van desde auxiliares auditivos hasta diferentes tipos de soluciones implantables. Escuchar también forma parte del bienestar La audición tiene un papel importante en la manera en que una persona se relaciona con quienes la rodean. Cuando comprender una charla exige un esfuerzo constante, especialmente en ambientes ruidosos, el cansancio aumenta y algunas personas reducen su participación en actividades sociales o familiares. Esta relación también ha sido estudiada desde la perspectiva de la salud cognitiva. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que la hipoacusia no atendida se relaciona con el aislamiento social y con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Esto no significa que una pérdida auditiva provoque por sí misma estas condiciones, sino que resalta la importancia de atender oportunamente las dificultades para escuchar y conservar la interacción social. El bienestar emocional también forma parte de este escenario. Cuando una persona tiene dificultad para seguir las conversaciones, la frustración y la inseguridad pueden aparecer durante reuniones y actividades que antes disfrutaba. Cuidar la audición también implica preservar los espacios de convivencia y las relaciones que forman parte de su día a día. En México, la Secretaría de Salud señala que alrededor de 3.6 millones de adultos viven con depresión. Si bien esta condición tiene múltiples causas, los cambios en la comunicación y la interacción social son aspectos que familiares y especialistas deben considerar cuando una persona mayor presenta dificultades auditivas. La familia puede hacer una diferencia Para quienes conviven con un adulto mayor, prestar atención a estos cambios representa un primer paso. Hablarle de frente, procurar ambientes con menos ruido, confirmar que haya comprendido lo que se le dijo y evitar hablarle desde otra habitación son acciones sencillas que facilitan la comunicación. También es importante mantener al adulto mayor integrado en la convivencia y las actividades familiares. Acompañarlo durante una valoración auditiva, escuchar sus inquietudes y respetar sus tiempos favorece un proceso con mayor confianza y tranquilidad. La dimensión del problema también se refleja en las cifras. El Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) señala que aproximadamente una de cada tres personas de 65 a 74 años presenta algún nivel de sordera y que cerca de la mitad de las personas mayores de 75 años tiene dificultades para escuchar. Por su parte, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) señala que esta condición alcanza hasta al 30% de los adultos mayores de 85 años. Escuchar menos no tiene por qué significar participar menos. Identificar los cambios, buscar orientación profesional y acompañar al adulto mayor favorece una mejor comunicación y ayuda a mantener presentes las voces y conversaciones importantes en su vida. |
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