Ciudad de México, a 27 de octubre de 2026 — En México, casi una tercera parte de la población tenía un ingreso laboral por persona insuficiente para adquirir la canasta alimentaria durante el primer trimestre de 2026. De acuerdo con el INEGI, el 30.7% de la población se encontraba en situación de pobreza laboral en ese periodo. Este panorama plantea un reto para los centros de trabajo, donde el presupuesto disponible, los horarios y las opciones cercanas condicionan qué y cómo pueden comer las personas durante su jornada.
La investigación Prestaciones alimentarias: Una forma de mejorar la vida, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a cargo del doctor Ricardo Alfredo Varela Juárez, analiza la relación entre alimentación, compensación y bienestar en el entorno laboral. Su planteamiento incorpora una necesidad cotidiana a la discusión sobre las condiciones de trabajo y examina alternativas para atenderla en distintas modalidades de empleo.
“Las posibilidades de alimentarse durante la jornada están relacionadas con el ingreso, el tiempo disponible y las condiciones del lugar de trabajo. Al estudiar las prestaciones alimentarias, buscamos entender cómo pueden responder a esas circunstancias y contribuir al bienestar de las personas en distintas modalidades de empleo”, señaló el doctor Ricardo Alfredo Varela Juárez, responsable de la investigación.
El gasto permite dimensionar esta necesidad, pues según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, los hogares mexicanos destinaron un promedio de 3,896 pesos trimestrales al consumo de alimentos y bebidas fuera de casa, equivalentes a cerca de 1,299 pesos mensuales. Aunque esta cifra incluye consumos ajenos al trabajo, ofrece una referencia del peso que tiene comer fuera en el presupuesto familiar.
Asimismo, en 2024, el 14.4% de la población presentó carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad. Este indicador considera una dimensión distinta de la pobreza laboral y refuerza la importancia de revisar tanto los recursos disponibles como las posibilidades reales de acceder a una alimentación adecuada.
Ante este contexto, la investigación plantea que las soluciones deben responder a la forma en que las personas desarrollan sus actividades. Un comedor corporativo puede facilitar el acceso a los alimentos en una sede fija, mientras que las pequeñas y medianas empresas, los equipos remotos y quienes se desplazan entre distintos puntos requieren opciones acordes con su operación.
Entre estas alternativas se encuentran los vales de comida, descritos en el análisis como un “comedor portable”; su finalidad es facilitar la compra de alimentos preparados para consumo inmediato en establecimientos participantes, como restaurantes y cafeterías. Esta función los distingue de los vales de despensa, orientados a la adquisición de productos para el hogar.
Para dimensionar el apoyo, la investigación presenta un ejemplo en el que una prestación alimentaria de 3,000 pesos representa el equivalente al 15% de un salario mensual de 20,000 pesos. Se trata de un ejercicio ilustrativo que permite observar la proporción del beneficio frente al ingreso, cuyo valor práctico depende también de la cercanía de los establecimientos, la regularidad de los depósitos y las reglas de uso.
La investigación propone evaluar la experiencia de quienes reciben los apoyos alimentarios y comparar indicadores antes y después de implementarlos, para conocer sus resultados en cada organización e identificar ajustes que respondan a las necesidades de los trabajadores.
“Para una empresa, el punto de partida es conocer cómo y dónde comen sus colaboradores. A partir de ello puede elegir un apoyo que se ajuste a sus horarios, a su ubicación y a las opciones que tienen cerca; para ello, los vales de comida pueden ampliar esas posibilidades para quienes trabajan en organizaciones sin comedor o se desplazan durante su jornada”, expresó [nombre y cargo de la persona designada].
Incorporar la alimentación a las decisiones laborales requiere observar lo que sucede durante una jornada concreta. Contar con tiempo suficiente para comer, opciones accesibles y apoyos adecuados a cada modalidad de trabajo permite que las prestaciones respondan a una necesidad que acompaña a las personas todos los días.
