A Gabriela García Pineda le dijeron que el riñón que recibió a los 24 años probablemente funcionaría entre 10 y 15 años. Sin embargo, terminó regalándole cuatro décadas de vida.
En ese tiempo, el órgano que le donó su hermano Jorge le permitió formar una familia y convertirse en abuela. Hoy, la mexiquense enfrenta una realidad que evoca a su pasado: volvió a las hemodiálisis y necesita otro trasplante.
Su historia pone sobre la mesa una pregunta que trae consigo incertidumbre para muchos pacientes trasplantados: ¿cómo evoluciona la vida y la salud años después de recibir un órgano?
Gracias a los avances médicos, muchas personas logran vivir años e incluso décadas después de una cirugía, pero no existe una forma exacta de predecir cuánto durará un trasplante.
Aunque un riñón proveniente de un donante vivo suele funcionar entre 10 y 13 años y entre 7 y 9 cuando es de un donante fallecido, algunos pacientes superan ampliamente esas expectativas. El récord documentado es de 60 años.
El nefrólogo Alejandro Diez explica que factores como la salud del paciente, enfermedades preexistentes, el desgaste natural del cuerpo o incluso el tiempo que el órgano permaneció fuera del cuerpo antes del trasplante pueden influir en su duración.
Incluso años después, algunos pacientes requieren más de un trasplante, vuelven a enfrentar hospitalizaciones, tratamientos y el desgaste físico que implica convivir nuevamente con la enfermedad, como ocurre con Gabriela.
Desde 2023, padece una enfermedad renal crónica en etapa 5, considerada terminal. Tras el Covid, su salud se deterioró y ha desarrollado problemas cardiacos que han vuelto todavía más difícil este proceso que también es costoso.
Ante este escenario y luego de que aseguradoras se negaron a darle cobertura, mantiene abierta la campaña “Ayuda para mi trasplante de riñón. Soy Gaby, mamá y abuela”, que actualmente registra un avance del 8%, con más de 107 mil pesos recaudados de una meta de 1.5 millones.
“Todos estos años he absorbido personalmente los gastos de mi enfermedad, agotando así mis recursos por completo y viéndome en la necesidad de vender absolutamente todos mis bienes de valor, incluida mi casa. He llegado al punto en el que ya no puedo continuar sola”, señala en la colecta.
La historia de Gabriela ocurre en un país donde más de 17 mil personas esperan actualmente un órgano y cerca del 88% busca un riñón, de acuerdo con el Registro Nacional de Trasplantes.
En el marco del 6 de junio, Día Mundial de los Pacientes Trasplantados, su caso también se cruza con los de otras personas cuya vida depende de recibir un órgano, como Jorge, Edith y David, mientras el déficit de donadores persiste en México.
Esperar un trasplante para ver crecer a sus hijos
Otra experiencia que ocurre en el Valle de México es la de Jorge Othon, un ingeniero arquitecto de 29 años de edad, diagnosticado hace nueve meses con leucemia linfoblástica aguda.
Desde entonces, su vida gira alrededor de estudios médicos y la posibilidad de acceder a un trasplante de médula ósea. De acuerdo con el Incan, las leucemias suman más de 7 mil 457 casos en el país.
“Este tratamiento representa mi esperanza de seguir aquí para ver crecer a mis hijos, acompañarlos y continuar construyendo sueños junto a mi familia”, comparte.
Para cubrir los gastos de los fármacos y el procedimiento, Jorge impulsa desde la CDMX la campaña “Cada ayuda cuenta en esta batalla contra la leucemia”, que actualmente registra un avance del 2%, con poco más de 72 mil pesos recaudados de una meta de 5 millones.
“Hoy, con mucha humildad, quiero pedir su apoyo. Cualquier donación, por pequeña que sea, hace una enorme diferencia para mí y mi familia. Y si no puedes donar, compartir esta campaña también me ayuda muchísimo”, indica.
Las enfermedades que cambiaron la vida de Edith
La vida de Edith cambió después de pasar 28 días en terapia intensiva tras una crisis de salud. Semanas después, estudios y biopsias confirmaron que padece el síndrome de Wilson con hepatitis autoinmune, cirrosis grado 3 y colangitis biliar primaria.
El deterioro avanzó rápidamente y actualmente vive con secuelas neurológicas, ascitis y desgaste muscular severo. Ante ello, los médicos le advirtieron que el tratamiento ya no es suficiente y necesita un trasplante de hígado para sobrevivir.
La urgencia del trasplante también atraviesa su vida familiar, especialmente a sus hijos, quienes dependen de ella.
“Edith no solo lucha por ella; lucha por sus tres hijos, quienes dependen totalmente de ella. Ellos son su motor y la razón por la que cada día intenta dar un paso más hacia la recuperación”, refiere la colecta..
Actualmente debe viajar constantemente de Culiacán, Sinaloa, a la Ciudad de México para continuar con el protocolo médico previo al trasplante. Para cubrir gastos hospitalarios, cirugía y medicamentos inmunosupresores, su familia creó la campaña “Un trasplante de vida para Edith”, que actualmente registra un avance del 3%.
La rutina que David puso en pausa
David dividía sus días entre dirigir su agencia creativa, jugar futbol, viajar, tocar la guitarra y tomar fotografías. Todo eso comenzó a cambiar hace más de nueve meses, cuando fue diagnosticado con insuficiencia renal.
Para el colimense, la única posibilidad de recuperar su salud es un trasplante de riñón, aunque acceder al procedimiento también implica reunir recursos que hoy están fuera de su alcance.
El costo del procedimiento y de los cuidados posteriores supera el medio millón de pesos. Por ello lanzó la campaña “Ayúdame a recuperar mi vida: Un riñón para David”, que actualmente registra un avance del 21%, con más de 111 mil pesos recaudados.
“Cualquier aportación, por pequeña que sea, me acerca un paso más a la meta y a la oportunidad de recuperar mi salud para seguir trabajando, seguir creando y seguir compartiendo la vida con las personas que quiero”, afirma.
La brecha entre pacientes y donadores
Detrás de cada caso hay una realidad estructural. En el país, la lista de espera crece a un ritmo que la generosidad social aún no alcanza a cubrir, debido a una cultura de la donación limitada.
Especialistas de la UNAM señalan que la desinformación sobre el proceso, la desconfianza en las instituciones y algunas creencias alrededor de la donación siguen influyendo en la decisión de convertirse en donador.
Antes de la pandemia de Covid-19, México registraba cerca de 50 trasplantes por millón de habitantes. Sin embargo, tras la emergencia sanitaria, la cifra cayó a alrededor de 25 por millón en 2024, todavía lejos de países como España, Estados Unidos y Canadá, que superan los 100.
Capacidad y potencial del sistema
- En el país se realizan alrededor de 7 mil trasplantes al año (CENATRA)
- El 85% de ellos se hace en el sector público y 15% en el sector privado (CENATRA)
- En lo que va de 2026, se han concretado 2 mil 551 trasplantes, de los cuales el 94% corresponden a córneas y riñones (RNT)
- En 2025, se realizaron 6 mil 522 trasplantes (CENATRA)
- Un donador fallecido puede salvar hasta siete vidas (INSP)
- La donación en vida puede beneficiar hasta a 50 personas (INSP)
- La edad no es impedimento para donar tras fallecer: puede ir de 2 a 80 años, siempre que los órganos sean viables (CENATRA)
Conoce estas historias y súmate a sus causas. Ellos pueden tener otra oportunidad:
