En un contexto global marcado por la aceleración de la tecnología y la inteligencia artificial, México ha consolidado su liderazgo en infraestructura de supercómputo en Latinoamérica, un avance clave para la ciencia y la innovación en la región.

Aunque el supercómputo en el país se concentra principalmente en el sector público y académico, con entre 10 y 12 centros de alto rendimiento distribuidos en universidades y centros de investigación, estas capacidades tecnológicas colocan a México en una posición destacada frente a sus pares regionales.

Historia y evolución del supercómputo mexicano


La trayectoria del supercómputo en México se remonta a 1991, con la instalación de la primera supercomputadora en la Dirección General de Servicios de Cómputo Académico de la UNAM —una Cray Y-P4/464 que marcó el inicio de una ambición tecnológica.

Desde entonces, la demanda por infraestructura de alto rendimiento ha crecido de forma sostenida, dando paso a generaciones sucesivas de sistemas cada vez más potentes.

En 2007, con la llegada de KanBalam, el país se colocó entre las 500 supercomputadoras más poderosas del mundo, destacando como la número uno operada por universidades y líder en América Latina. Posteriormente, la UNAM amplió su capacidad con Miztli, un clúster con miles de procesadores y rendimiento equivalente a decenas de miles de computadoras personales modernas.


Una infraestructura al servicio de la ciencia


Los centros de supercómputo mexicanos han sido utilizados en una amplia gama de disciplinas: desde química teórica y cuántica hasta modelos climáticos, farmacología y astronomía, incluyendo áreas emergentes como lingüística computacional e inteligencia artificial. Investigadores consultados señalan que, pese al avance, todavía es necesario estimular su uso en comunidades no tradicionales —como las humanidades o las artes— y fortalecer la vinculación con el sector industrial.


El futuro: Coatlicue y la supercomputadora más grande de América Latina


El impulso actual no se limita a consolidar lo existente. En los próximos meses, autoridades mexicanas planean el lanzamiento de “Coatlicue”, la que sería la supercomputadora más potente de Latinoamérica, con una inversión estimada de 6,000 millones de pesos y un plazo de fabricación de alrededor de dos años. Este proyecto busca posicionar a México entre los principales actores del cómputo de alto rendimiento a nivel global.


Paralelamente, en alianza con el Barcelona Supercomputing Center, el país puso en marcha un centro temporal de supercómputo que facilitará a los investigadores mexicanos acceso inmediato a capacidades avanzadas mientras se completa la infraestructura doméstica.
Retos pendientes y oportunidades


A pesar del liderazgo regional, expertos subrayan que la infraestructura existente enfrenta presiones para modernizarse y crecer, especialmente ante la creciente demanda de proyectos vinculados con inteligencia artificial y simulación avanzada. También existe una brecha de acceso entre regiones del país, lo que sugiere la necesidad de una estrategia más integral de distribución y colaboración entre centros.


Para muchos investigadores, el avance no solo representa una mejora tecnológica, sino una oportunidad para fortalecer la ciencia mexicana, atraer talento y posicionar al país como un actor competitivo en un campo que será fundamental en las próximas décadas.