La 56ª edición del Foro Económico Mundial, conocida simplemente como Davos, abrió ayer sus puertas en los Alpes suizos en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, incertidumbre económica y debates en torno a la tecnología y la cooperación internacional. Bajo el lema “Espíritu de diálogo”, la reunión aspira a ser un espacio de intercambio en un mundo cada vez más fracturado, donde los riesgos económicos y las disputas comerciales amenazan alianzas históricas.

Durante la jornada inaugural, la presencia del presidente de Estados Unidos —cuyo regreso al foro después de varios años ha sido señalado como uno de los principales focos mediáticos— centró la atención sobre su controvertida agenda, que incluye amenazas arancelarias y propuestas sobre territorios como Groenlandia. Estas posiciones han generado inquietud entre sus aliados europeos, que advierten sobre posibles rupturas en las relaciones transatlánticas.

El foro, que reúne a más de 2 500 líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil de prácticamente todos los continentes, busca impulsar la cooperación público-privada para enfrentar desafíos globales, desde la innovación tecnológica hasta la resiliencia económica y climática. Entre los temas más discutidos se encuentra el impacto de la inteligencia artificial en la economía y el empleo, así como la percepción de que la confrontación económica ha desplazado a los conflictos armados como el principal riesgo global según una encuesta reciente del propio foro.

En su intervención, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, delineó un paquete de medidas para fortalecer la seguridad en el Ártico y reafirmó que la soberanía de territorios como Groenlandia no es negociable, en un mensaje que subrayó las tensiones entre Bruselas y Washington.

Por su parte, Emmanuel Macron, presidente de Francia, advirtió en Davos sobre un desplazamiento hacia “un mundo sin reglas”, donde las normas internacionales pierden fuerza frente a políticas unilaterales y dinámicas de poder, reflejo de una época de incertidumbre y recalibración de alianzas tras décadas de globalización sustentada en el multilateralismo.

Más allá de los debates económicos y políticos, el foro también fue escenario de encuentros sociales y cenas emblemáticas, como la tradicional TIME100 Davos Dinner, donde líderes e influyentes del sector privado y público compartieron discursos sobre humanidad, innovación y cooperación, resaltando la necesidad de encontrar consensos en un panorama global fragmentado.

Aunque la mayoría de los discursos y mesas de debate buscan proyectar un tono constructivo, la atmósfera refleja una creciente polarización global: desde la defensa de principios multilaterales hasta la defensa de intereses nacionales, pasando por el rol de las tecnologías disruptivas y la definición de un nuevo orden económico mundial.