En torno al nombre de la Virgen de Guadalupe —la figura religiosa más emblemática de México— persiste un debate que atraviesa historia, lengua y simbolismo.

Aunque la tradición popular ha insistido en una vinculación indígena del término, la evidencia histórica apunta a un origen lingüístico ajeno al mundo prehispánico, vinculado con la herencia lingüística que los conquistadores españoles trajeron desde Europa. La denominación “Guadalupe” no proviene de ninguna raíz náhuatl documentada en los textos del siglo XVI o XVII, según han señalado historiadores y especialistas en lingüística histórica.

Esto contrasta con la creencia extendida de que la Virgen, al aparecerse ante Juan Diego en 1531 en el cerro del Tepeyac, se habría referido a sí misma en lengua indígena. Una herencia árabe en castellano

La explicación académica más sólida sitúa el origen del nombre en la lengua árabe, como parte del acervo léxico incorporado al castellano durante casi ocho siglos de presencia musulmana en la península ibérica.

Específicamente, el vocablo parece derivar de la expresión árabe wādī al-lubb —“río oculto” o “río de lobos” en diferentes interpretaciones etimológicas— introducida al español y asociada primero a un lugar geográfico en Extremadura, España.

Este topónimo español —vinculado a la veneración de la Virgen de Guadalupe en Extremadura desde la Edad Media— llegó a la Nueva España con los conquistadores y evangelizadores. A partir de entonces se consolidó como la advocación que se daría a la figura mariana aparecida ante Juan Diego, aunque no existe evidencia documental que confirme que el nombre fuera pronunciado en náhuatl por el indígena.

Las interpretaciones náhuatl y su lugar en el imaginarioPese a la ausencia de respaldo histórico, han persistido propuestas que sugieren una raíz náhuatl para el nombre. Estas hipótesis han buscado vincular términos como Coatlaxopeuh —interpretado popularmente como “aquel que aplasta la serpiente”— con la palabra “Guadalupe” por su similitud fonética. Investigaciones del siglo XVII y debates posteriores adelantaron que los españoles podrían haber interpretado mal las palabras nahuas debido a las diferencias fonéticas entre ambas lenguas.

Sin embargo, los estudiosos coinciden en que no existe documentación contemporánea a las apariciones que confirme que Juan Diego o sus interlocutores usaran un término indígena equivalente al nombre actual. Por ello, esta teoría queda más en el terreno de la reconstrucción ideológica que en aquel de la lingüística histórica verificada.

Historia, fe y construcción simbólica

Más allá del origen etimológico, la figura de la Virgen de Guadalupe se ha convertido en un símbolo que trasciende la fe religiosa, y se ha entretejido con la identidad nacional mexicana. Su imagen y su nombre han jugado roles centrales en momentos clave de la historia de México, desde la independencia hasta las expresiones culturales contemporáneas, fungiendo como puente entre distintas raíces culturales.

En este cruce de tradiciones —árabe, europea e indígena— el nombre “Guadalupe” se mantiene no sólo como un objeto de estudio lingüístico, sino como un espejo de la compleja mixtura que define a la sociedad mexicana: una en la que la fe, la memoria y la historia continúan dialogando con un pasado pluricultural que se rehúsa a simplificarse.