Un gol de Jordan Carrillo, al minuto 55 y en el cobro de un tiro libre, dio la ventaja a los auriazules, que enfrentarán ahora al Cruz Azul

Alejandro Toledo    May 18, 2026


l escucharse, al minuto 95, el pitazo del cierre, un enorme grito de alegría, difícil de calibrar, estalló en el Estadio Olímpico Universitario. Y no era para menos: fue la señal inequívoca de que Pumas había dado el paso último para llegar a la final del futbol mexicano. Su victoria 1-0 sobre Pachuca le dio a esta serie semifinal un marcador global de 1-1, que significó, por su mejor posición en la tabla, que la escuadra universitaria adquiriera su boleto para enfrentar a Cruz Azul.

Pero no fue fácil. En este juego de vuelta se partió en desventaja, aunque un tanto daba el pase a los auriazules… pero éste tardó en llegar, ante un ordenado juego defensivo por parte de los Tuzos, que, sin embargo, no aprendieron esa vieja lección de que el equipo que sale a defenderse suele perder.

Mas esto ocurrió hasta el minuto 55, en el segundo tiempo, en el cobro de un tiro directo por parte de Jordan Carrillo, colocado a la derecha, que dejó inmóvil al arquero del Pachuca.

Y ahí las cosas se invirtieron: de pronto los visitantes tuvieron prisa, y Pumas contuvo, como pudo, ese ímpetu… y en el resto del encuentro se jugó al filo de la navaja, y hubo incluso una gran acción de Keylor Navas, ante una situación de peligro.

La porra actuó para desalentar a los que atacaban, y celebrar las contenciones… Los cantos eran apoyo moral: “Pumas, Pumas de mi vida, eres la alegría de mi corazón”…

Hubo goyas rotundos, y uno último, ya en plena fiesta, fue dirigido por el mismísimo Efraín Juárez, el entrenador, quien golpeaba con el puño su corazón, como reafirmando ese espíritu universitario que pone a Pumas en la final del Clausura 2026. Ya en los túneles se escuchaba: “¡Vamos UNAM, vamos UNAM!”…

Y vamos, sí, hacia allá vamos: a la final iremos. Los sueños no mueren.