— La Unión Europea calificó este jueves de “extremadamente preocupantes” las recientes declaraciones de la administración de Estados Unidos en torno a la posibilidad de alterar el estatus de Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca de enorme valor estratégico en el Ártico. La advertencia, formulada por la jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, refleja una creciente inquietud entre los Veintisiete sobre la estabilidad de un orden internacional basado en reglas tras décadas de alianzas transatlánticas sólidas.
En una rueda de prensa celebrada en El Cairo, donde se reunió con su homólogo egipcio, Kallas subrayó que Bruselas ha debatido en los últimos días la seriedad de las amenazas expresadas desde Washington y la respuesta que debería articular el bloque en caso de que esas señales se concreten. “Los mensajes que recibimos sobre Groenlandia son extremadamente preocupantes”, afirmó, añadiendo que las declaraciones de la Casa Blanca no “contribuyen precisamente a la estabilidad mundial”.
Un viejo objetivo geopolítico bajo una luz nueva
Groenlandia, la isla más grande del mundo, ha sido objeto de interés estratégico de Washington desde principios del siglo XX. Ya en 1946, Estados Unidos intentó adquirirla a Dinamarca —sin éxito— por su ubicación privilegiada entre Norteamérica y Europa en el contexto de la Guerra Fría. El debate actual, aunque se presenta en clave nacionalista y de seguridad, revive ese viejo interés por el control del Ártico y sus recursos naturales.
La inquietud europea ha ido en aumento en las últimas semanas, tras una serie de declaraciones de altos funcionarios estadounidenses que han vinculado el futuro de Groenlandia a la seguridad nacional de EE. UU. y han dejado abiertas opciones que van más allá de una simple compra diplomática del territorio, sin descartar incluso el uso de fuerza. Aunque desde la Casa Blanca se insiste en que cualquier aproximación sería pacífica, estas afirmaciones han avivado temores entre los aliados europeos de que se ponga en cuestión la soberanía de un territorio que forma parte de la OTAN.
Rechazo danés y europeo
La respuesta de Copenhague ha sido tajante. Las autoridades danesas y groenlandesas han repetido que “Groenlandia no está en venta” y reiterado su fidelidad al marco del Reino de Dinamarca. El primer ministro groenlandés, Jens Frederik Nielsen, ha protestado por la retórica empleada por Washington, subrayando la importancia de respetar los principios del derecho internacional y la autodeterminación de los pueblos.
A nivel europeo, además de la posición de la jefa de la diplomacia, varios gobiernos han expresado su apoyo explícito a la integridad territorial de Dinamarca y han instado a Estados Unidos a mantener el diálogo dentro de los cauces diplomáticos tradicionales. Esta escena de fricción transatlántica se produce en un momento de fragilidad global, en el que los aliados buscan equilibrar la necesidad de cooperación en asuntos como el conflicto en Ucrania con los riesgos de desconfianza estratégica.
¿Un nuevo foco de tensiones transatlánticas?
Para analistas consultados por varios medios europeos, la cuestión de Groenlandia no es una anécdota diplomática sino un síntoma del recalibrado liderazgo estadounidense en el extranjero y de las dudas crecientes en Europa sobre su propia capacidad de influencia. La insistencia en la seguridad nacional como argumento para revisar acuerdos internacionales choca con la tradicional defensa europea del multilateralismo y el respeto a la soberanía de los Estados.
La UE ha insistido en que cualquier cambio en el estatus de la isla debe ser decidido exclusivamente por los groenlandeses y el Gobierno danés, en consonancia con la Carta de las Naciones Unidas y los compromisos de la Alianza Atlántica. Sin embargo, la crisis de confianza entre aliados plantea una pregunta más amplia: ¿puede sobrevivir el orden internacional liberal si incluso sus principales protagonistas desafían sus normas más básicas?